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martes, 20 de noviembre de 2012

El paseo


Lo primero que pensé cuando me propusieron hacer un artículo sobre la arquitectura de Villaverde es decir que no, no voy a engañaros.
Uno, mientras se mira el ombligo de arquitecto y aparta a un lado esas pelusillas elitistas tan incomodas, cree  que le van a llamar del Washington Post el día menos pensado para hablar de la reconversión de la zona cero de NY o quizá de una de esas revistas inmaculadas que hablan de proyectos hechos en Amsterdam o Japón por compañeros de nombres impronunciables.
Pero no. Yo - aquí es donde me presento - soy de Villaverde. De Villaverde de toda la vida. La mitad de esa vida me la he pasado en el Paseo de Alberto Palacios, aunque a mi, como seguramente a vosotros, me gusta llamarle El Paseo.

Comienzo del Paseo de Alberto Palacios en Villaverde Alto
El paseo, es donde ubico mi infancia y mi adolescencia. El paseo es donde mi madre va al mercado a comprar, donde está el banco que custodia sus ahorros (ay¡¡?), donde están esos otros bancos en los que me sentaba a charlar con mis amigos durante horas. El paseo donde transitamos una y otra vez en ese rito social de caminar arriba y abajo por los mismos sitios y viendo a la misma gente. Donde te saluda el panadero, el butanero y los fumetas se volvían conocidos. Cubierto de arboles que he visto crecer. Escenario de miradas furtivas a aquella chica. Lugar de desencuentros y de vida. Sin más.
Hablo con personas de otros barrios más modernos. Con sus amplias avenidas y esas medianas enormes con jardín y columpios. Y me cuentan las bondades de sus interminables espacios. Sus aceras inmensas en las que no te puedes tropezar con nadie, por que no hay nadie. Con anchas calzadas que da miedo cruzar, pues los coches tienen la oportunidad de lucir sus potentes  motores y pasarte por encima. Con calles que cuesta un mundo cruzar, más si eres, digamos un poco mayor.
Y creo que tenemos mucha, muchísima suerte. Y os invito a verlo y a entrar en el mundo de la arquitectura por la puerta grande.
Arquitectura es prácticamente todo lo que nos rodea y que el hombre ha construido. Lo hace, no solo por especular, por ganar dinero -vamos a limpiar un poco nuestra imagen- sino también por vivir mejor, por tener todo más accesible, más a mano, por fomentar las relaciones sociales con nuestros vecinos, la actividad económica de proximidad, las pequeñas tiendas del barrio, los servicios cercanos, la renovación del aire, la circulación cómoda para los vehículos, pero también segura para los peatones.
Y en eso os aseguro que El paseo, nuestro paseo, es un perfecto ejemplo de urbanismo bien ejecutado, de arquitectura social. De unión entre lo vividero y la actividad diaria, entre los arboles y el asfalto, entre el peatón y el transporte rodado.
Espero en próximos artículos poner el dedo en cuestiones arquitectónicas en las que uno no se fija habitualmente, pero que tienen cierta singularidad. También en Villaverde, claro que sí. Pero permitid que en este primer saludo os invite a disfrutar de esa joya a la que miramos sin ver. El Paseo.

viernes, 12 de octubre de 2012

Políticamente intolerable. Socialmente útil

Los solares.
Esos vacíos urbanos, que durante meses o años se ocultan tras una valla o incluso se muestran impúdicamente al ciudadano, ofreciendo una imagen cada día mas deteriorada. Sin limpieza periódica, sin uso, sin aprovechamiento social, como un tumor en la ciudad.
Actuación  urbana en Zaragoza

Pertenezco a un barrio en el que los solares, han constituido una constante urbana. Poco o nada se ha hecho con ellos salvo cuando el beneficio económico estaba más que claro.
Leo en otros blogs de arquitectura y urbanismo, actuaciones que de alguna manera, intentan sacar del ostracismo, la suciedad y la falta de aprovechamiento social, partes del territorio, que como solares que son, forman parte ya de la trama de la ciudad y me llama especialmente la atención que en estos intentos de actuaciones se es especialmente respetuoso, no hay más que ver una de las premisas básicas para poder llevarlas a cabo:


"..Se gestionó con los propietarios los permisos de intervención en los solares, como una cesión gratuita para su uso público transitorio con un mínimo de 12 meses. Así, cualquier intervención que se realizase debía ser reversible...."

Lo cual, me parece muy bien. No vayamos a estas alturas a poner en duda el valor sacrosanto de la propiedad privada. Esto sería políticamente intolerable. 
Pero me pregunto: ¿No es también un valor la utilidad social de ese solar cuando no está vacío  ¿se puede permitir tener un solar sin una aplicación del mismo durante años? ¿es licito que surjan problemas urbanos como consecuencia de la falta de espacios públicos, jardines, parques, aparcamientos y existan partes del territorio incrustadas en la ciudad que no se utilicen durante años o décadas?
Cuando estuve en NY me impactó como se utilizaban solares de enorme valor económico en el centro de Manhattan para aparcamiento de coches. No es sin duda la mejor solución a largo plazo, pero desde luego, es mejor que un solar abandonado hasta que se construya un edificio, quizá veinte años después. 

Sirva como ejemplo mi ciudad. Getafe. Existe un problema gravísimo de aparcamiento en el centro, sin embargo existen solares en los que crecen a partes iguales suciedad y malas hierbas y que se podrían utilizar -por ejemplo- como aparcamientos de superficie, dando incluso una productividad económica y social al pueblo y al propietario del solar. 
¿No será mejor esto que tenerlo vacío  ¿No debería obligarse a darle a esos solares un uso social aunque fuese temporalmente hasta que el propietario decida darle el uso lucrativo previsto?


lunes, 16 de abril de 2012

MATRIX

Hay un personaje en matrix que me fascina. Cypher, el humano que traiciona a Neo para conseguir que las maquinas vuelvan a reinsertarle en matrix y obtener una vida virtual ficticia, llena de una felicidad irreal, pero plena.
Es fácil pensar lo que pediaríamos para nosotros mismos. Dinero, éxito, una pareja sexual increíble, o incluso una diferente cada día. Pero yo pienso en como sería el matrix que pediría. Pienso en como sería esa ciudad virtual en la que viviría el resto de mi onírica vida programada.
Diseño de fachada inspirado en matrix
Pienso en la Metropolis cinematográfica de Fritz Lang, en la otra Metropolis, donde Louis Lane suspiraba por el superman del caracolillo engominado, pienso en la oscura y lluviosa L.A. de Blade-Runner, o en pueblos hobbits horadados en verdes prados. Veo otras ciudades más reales pero igualmente hipnóticas, ágoras griegas, arrabales medievales, sueño con la Xánadu del gran Khan o con el Macondo de García Marquez.
Pero pienso a la vez, que lo primero que se nos viene a la cabeza, antes que el cine y la literatura son las ciudades en las que vivimos y la gran tentación de nuestra mente, de imaginar lo primero que tiene en su archivo, antes de dejarse llevar e imaginar un mundo mejor, una ciudad más vivible. Quizás de ahí viene esa dificultad que muchas personas tienen en dejarse arrastrar por la creatividad.
Si tu tuvieses que diseñar una ciudad cerrando los ojos ¿como sería?


Os dejo con una galería de dibujos de Hugh Ferris, un arquitecto que imagino decenas de ciudades y las plasmo en papel.

domingo, 15 de abril de 2012

MECENAS Y ANTIMECENAS

Que los grandes edificios históricos provienen de encargos de reyes, magnates y terratenientes no es ninguna noticia.
Que la arquitectura pública que conocemos procede de las decisiones no solo de los arquitectos sino también de los grandes clientes y gerifaltes tampoco.
Que los jefes de estado, reyes o príncipes, intenten vetar un diseño o incluso un arquitecto, parece que sí.
One New Change. Jean Nouvel. Londres.
Ya en el 2009, el príncipe de Gales, intentó mediante una misiva al alcalde de la city que el One new Change de Londres, un centro comercial modernista cambiase el diseño (por no decir el diseñaror) de Jean Nouvel, afirmando que se había escogido el peor de los proyectos entre las ideas presentadas, cosa  que tambien hizo con un edificio en Qatar del asimismo premio Pritzker, el arquitecto Richard Rogers.
En nuestro pais hemos tenido ejemplos recientes de intervenciones de grandes nombres de la arquitectura, que a diferencia de hace unos años, han sido puestas en entredicho en lugar de ser acogidas con los brazos abiertos, como por ejemplo el proyecto PeiraoXXI del mismo Nouvel en el puerto de Vigo, que tras ser analizado por la autoridad portuaria de Vigo, recibió carpetazo.
Y es que, aunque nuestros prohombres hayan abrazado aquella pista bíblica del "por sus obras les conoceréis", parece que en los últimos tiempos haya incluso una preocupación por lo que dejaremos a nuestros hijos, en forma de edificios y también de deudas, no solo económicas sino también energéticas.
Y yo, que no dejo de preguntarme cosas, me digo ¿será verdad?

Nota del arquitectador: No estoy ni a favor ni en contra de Nouvel, Rogers, ni pro ni anti los grandes proyectos simbólicos. No pretendo hacer crítica arquitectónica, solo me pregunto, que papel juegan y deben jugar los que nos administran o representan, ¿debe decidir sobre los ingredientes y las cantidades el cocinero o el dueño del restaurante, o ambos?  ¿en que medida?

sábado, 14 de abril de 2012

CONFUNDIENDO LA VELOCIDAD CON EL GUGGENHEIM



Cuando por el camino nos quedamos en los detalles y perdemos el objetivo, culminamos los procesos con sonoros fracasos.
En arquitectura, esto sucede a menudo, como en otros aspectos de la vida.


Museo Guggenheim, Bilbao
En nuestro país, en los últimos años hemos vivido la proliferación de un número impensable de centros culturales, museos, centros sociales, archivos y otros hitos arquitectónicos que a mayor gloria de alcaldes y proyectistas adornan ahora ciudades y en algún que otro caso desamparados parajes deshumanizados.
Todos y cada uno de ellos tienen un referente común. Bilbao y el museo Guggenheim del arquitecto canadiense Frank Ghery y personalmente creo que de aquí parte el error.

Ría de Bilbao 2005
Ría de Bilbao 1976
















La ría de Bilbao, eje sobre el que se asienta el museo fue profundamente transformada por las obras realizadas en un plan global urbanístico, que modifico el aspecto y función de la ría, convirtiéndola de industrial y llena de espacios residuales en lugar hecho para el disfrute y el aprovechamiento de los ciudadanos.
Y el museo, era, y es, un hito, un centro, un emblema y un punto de atracción de turistas. Pero el ciudadano, el bilbaíno, vive el entorno del museo, disfruta de la transformación de la ria que antes sufría. Y ese es el motivo desde el punto de vista arquitectónico y no otro. No el museo.
Galería fotográfica de la ría de Bilbao, antes y después.

Y sin embargo, hemos plantado como si de setas se tratasen museos aquí o allá, despreocupándonos de los entornos y promocionando el hito y no el plan en el que se enmarcaba.
Aprendamos de Bilbao. No nos limitemos a copiar la guinda del pastel.

Nota del arquitectador: Pluralizo de forma consciente y malintencionada en el post, haciendo (haciéndonos) responsables a todos de lo que hacen los que gestionan nuestros euros.

miércoles, 4 de abril de 2012

LAS PLAZAS



Cuando uno piensa en salir a la calle, a pasear, a tomar algo con los amigos, a comprar, a que se ventilen nuestros vástagos, necesitamos saber que en esos espacios de nuestros pueblos y ciudades, de nuestras villas y mega-urbes, podremos encontrar lugares donde hacerlo de una manera libre, de un modo natural y de forma que podamos además compartir y socializarnos con el resto de habitantes de nuestro grupo.
La tribu. Al final, siempre la tribu. La tribu, ordena sus cabañas en torno a un espacio que se materializa en torno a las reuniones, los cónclaves y las ceremonias. La plaza del pueblo. 
Procedo de una familia que como casi todas las que emigraron a una ciudad tiene orígenes rurales diversos. Mi padre, nació y vivió hasta casi la treintena en una pedanía de ínfimo tamaño, asentamiento de colonos que trabajaban las tierras de una aristócrata. El lugar, el pueblo, es aún hoy una plaza. Un rectángulo de casas (la muralla) que dejaban en el centro un espacio donde encontrarse (la plaza). En una esquina la iglesia (el salón de reunión), en el centro un muro ciego que hacía las veces de frontón (el polideportivo) y de hito urbano. Cada casa una función. La del molino, la del hornero...(el mercado).

Como este ejemplo, podemos encontrar muchos, y mucho se ha escrito sobre ello.
En nuestras ciudades, las plazas, que en sus orígenes eran lugares de mercadeo, de encuentro, de discusión, hoy han pasado a ser en muchos casos lugares de paso, podiums en los que colocar una estatua, una fuente o un elemento decorativo o conmemorativo, y se pierde poco a poco la configuración de "salón" de esa plaza, haciendole (me parece a mí) perder el carácter de lugar de encuentro de la tribu.
En los nuevos desarrollos, ya ni siquiera se consideran esas plazas. Simplemente no existen. Grandes avenidas, donde los lugares que podrían haber sido elegidos para ello hacen la función de rotondas, de ordenamiento del tráfico y por supuesto de elementos ornamentales, básicamente inútiles, y proporcionalmente grandes, económicamente desmedidos.
Pero en nuestro fuero interno, necesitamos esos lugares. Buscamos pequeños lugares en los que una terraza de un bar nos sirva de plaza. Constituimos corrillos con los amigos. Nos encanta encontrar dos bares juntos en los que poder cambiar de uno a otro según gire el sol. Buscamos las plazas en nuestros recorridos turísticos, nos atraen las escalinatas donde sentarnos y admirarlas a placer.
Desde mi simplista manera de ver las cosas, la tribu, siempre acaba imponiendo su asentamiento de chozas tarde o temprano. Y así debe ser.


Dejo dos ejemplos distintos y dos preguntas que lanzo para la reflexión de cada cual.




Metropol parasol en Sevilla:


Espectacular y maravillosa estructura de madera, que alberga un museo y establecimentos de hosteleria en su zona baja así como una gran terraza en su parte superior.
¿Está en relación el tamaño y alcance de este proyecto con las necesidades cotidianas del lugar y sus habitantes?


Rehabilitación Plaza de Cabestreros en Madrid:


La rehabilitación de la plaza de Cabestreros es una aparentemente sencilla actuación que alberga un parking bajo el recuperado espacio de la plaza y solventa el desnivel entre sus dos laterales opuestos.
La misma pregunta: ¿Está en relación el tamaño y alcance de este proyecto con las necesidades cotidianas del lugar y sus habitantes?




Y de las dos: ¿cual es merecedora de una mención arquitectónica, un premio o simplemente un reconocimiento?